Con la tecnología de Blogger.
Mostrando entradas con la etiqueta alimentacion. Mostrar todas las entradas
Cómo bajar el colesterol malo
Tener elevado el nivel de colesterol, te hace más propenso a sufrir enfermedades cardiovasculares, cambios en la alimentación y ejercicio físico diario podrían ayudar a reducir el riesgo. Aunque el colesterol es necesario, si se sufre en exceso, no resulta saludable para el organismo.
Se recomienda consumir al menos tres porciones diarias de frutos secos, como las nueces, semillas y granos enteros; además, destacando la ingesta de la soja. El colesterol HDL es conocido como “bueno”, ya que protege contra ataques cardiacos y accidentes cerebro vasculares y el LDL o colesterol malo, se deposita en las paredes de las arterias, impidiendo el correcto flujo de sangre y oxigeno.
Es importante el consumo de fibra, ya que ayudaa reducir el colesterol malo. Se debe de limitar el consumo de alcohol, ya que el consumo excesivo, aumenta los triglicéridos y consumir pescado al menos tres veces por semana, siempre al horno o a la parrilla, nunca frito, siendo preferibles el salmón, caballa, atún, sardinas y la trucha, por ser los más beneficiosos. Consumir manzanas y dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, reducirá el LDL, pero sin modificar el HDL
El ejercicio eleva el nivel de HDL y mejora EL estado de ánimo, reduciendo la tensión y la fatiga. Se da un menor riesgo de sufrir de corazón, cuando el balance entre colesterol bueno y malo, es menor de 200.
Información de Nutriciónpro
Información de Nutriciónpro
Alimentos buenos para la salud de dientes y encías
¿Te preocupa tu salud bucodental? Además de visitar al dentista una vez al año y cepillarte los dientes después de cada comida, la alimentación puede ayudarte mucho en la salud de tus dientes y encías.
La asignatura pendiente de muchas personas. ¿También la tuya? Pues no te pierdas los alimentos que no pueden faltar en la despensa de tu cocina.
Calcio, vitaminas y minerales
Los expertos en nutrición e higiene dental nos recomiendan una dieta rica en calcio, vitaminas y minerales.
Todos hemos escuchado cientos de veces que el calcio es imprescindible para mantener nuestros huesos y dientes sanos. Así que apunta en tu lista de la compra leche, queso, yogurt, cereales y verduras de color verde oscuro, que son ricas en calcio.
Pescado azul, espinacas, legumbres, lácteos…
Para unos dientes y encías sanos tampoco pueden faltar en tu lista de la compra alimentos ricos en fósforo. Las legumbres, las nueces y el pescado son una fuente importante de este mineral.
Y por supuesto no nos olvidemos tampoco de las vitaminas A, D, C y B. El pescado azul, los huevos, los cítricos, los tomates, la lechuga, los pimientos, las espinacas, la zanahoria, el hígado y la levadura son algunos de los muchos alimentos que no deben faltar en tu despensa.
Té verde y té negro
Y si te gustan las infusiones, el té verde y el negro son muy buenos para evitar el desarrollo de bacterias relacionadas con las caries y con las enfermedades de nuestras encías.
Y por supuesto, no debemos pasar por alto otras muchas recomendaciones que nos ayudarán a mantener la salud de nuestros dientes y encías, como por ejemplo evitar los alimentos con alto contenido de azúcar, y extremadamente fríos o calientes.
Y en contra de lo que muchas personas piensan, los alimentos crujientes como las manzanas y las zanahorias son muy recomendables para limpiar nuestros dientes.
Fuente: saludpasion.com
Menos hambre por comer despacio
Como con calma. Sera mucho mejor para ti
Una nueva investigación publicada en 'Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics', sugiere que al reducir la velocidad de la ingesta de alimentos suprime la sensación de hambre y ayuda a consumir más agua durante la comida, según los resultados.
Para analizar la relación entre la velocidad de la alimentación y el consumo de energía, un equipo de investigadores del Departamento de Kinesiología en la Universidad Cristiana de Texas, en Estados Unidos, analizó cómo la velocidad de la alimentación afecta a las calorías consumidas durante una comida tanto en sujetos de peso normal como con sobrepeso u obesos.
Los investigadores también recopilaron datos sobre las sensaciones de hambre y saciedad antes y después de las comidas a ritmo rápido y a ritmo lento y el consumo de agua durante estas ingestas de comida.
Mientras que los estudios anteriores han examinado la relación entre la velocidad de alimentación y el peso corporal, la mayoría de esos análisis se realizaron con personas de peso normal. En este nuevo trabajo, los científicos pidieron a un grupo de sujetos de peso normal y con sobrepeso u obesidad que consumieran dos comidas en un entorno controlado.
Todos los sujetos tomaron una comida a una velocidad lenta, para lo que se les enseñó a pensar que no tenían limitaciones de tiempo, tomar bocados pequeños, masticar a fondo y hacer una pausa y dejar la cuchara entre bocado y bocado, y un segundo plato a una velocidad rápida, para lo que se les pidió que pensaran que tenían una restricción de tiempo, tomaran grandes bocados, masticaran rápidamente y no se detuvieran ni dejaran la cuchara en ningún momento.
Al concluir el estudio, los autores encontraron que sólo los sujetos de peso normal tuvieron una reducción estadísticamente significativa en el consumo de calorías durante la comida lenta en comparación con la rápida: 88 kilocalorías (kcal) menos del grupo de peso normal frente a sólo 58 kcal menos en los de exceso de peso u obesos.
"Reducir la velocidad de alimentación condujo a una reducción significativa en la ingesta de energía en el grupo de peso normal, pero no en el grupo de sobrepeso u obesidad. La falta de significación estadística en el grupo con sobrepeso y obeso puede deberse en parte al hecho de que consumieron menos alimentos durante las dos condiciones en comparación con los sujetos de peso norma", explica la autor principal Meena Shah, profesora en el Departamento de Kinesiología de la Universidad Cristiana de Texas.
"Es posible que los sujetos con sobrepeso y obesos eran más conscientes de sí mismos y, por lo tanto, comieron menos durante el estudio", agrega. A pesar de las diferencias en el consumo de calorías entre el peso normal y con sobrepeso y obesidad, el estudio encontró algunas similitudes. Ambos grupos sentían menos hambre más tarde después de la comida lenta que tras la ingesta de la comida rápida.
"En ambos grupos, las sensaciones de hambre fueron significativamente inferiores a los 60 minutos de cuando comenzaron la comida de forma lenta en comparación con la ingesta de alimentos que hicieron de forma rápida ", destaca Shah. "Estos resultados indican que en los dos grupos podría esperarse menos hambre en una comida que se consume más lentamente", añade.
Asimismo, tanto los grupos con peso normal como con sobrepeso u obesidad consumieron más agua durante la comida lenta. Durante la condición de ayuno, los participantes de todo el estudio sólo tomaron 25,57 cl de agua, pero durante la situación de ingesta lenta esa cantidad se elevó a 34,1 cl.
El consumo de agua fue mayor durante la comida lenta en comparación con la situación de ingesta rápida de comida en un 27 por ciento en el grupo de peso normal y el 33 por ciento en el grupo de sobrepeso u obesidad. Cuanto mayor sea el consumo de agua durante la condición de comer lentamente probablemente causará mayor distensión del estómago y puede afectar al consumo de alimentos", argumenta Shah.
Con las tasas de obesidad en aumento entre la población adulta en Estados Unidos, esta información sobre cómo los diferentes grupos de peso consumen alimentos será de utilidad en la elaboración de estrategias para reducir el consumo de energía. "La desaceleración de la velocidad de comer puede ayudar a reducir el consumo de energía y suprimir los niveles de hambre y puede incluso mejorar el disfrute de una comida", concluye esta experta.


